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Así
nos identificamos
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Lisetera
Cayo Confite, un paraíso terrenal con olor a salitre
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Llegar
a Manzanillo, presupone música de órgano, son y el
reclamo casi obligatorio de la liseta frita, plato a base de ese
pez exclusivo de la zona que hunde sus raíces en las costumbres
autóctonas del Oriente cubano.
Ella
se puede degustar en Cayo Confite, unidad gastronómica ubicada
en el Malecón manzanillero, donde cada visita invita al obligatorio
regreso a este paraíso terrenal con olor a salitre y servicio
excepciona |
Frank
Rodríguez Hernández, administrador de la lisetera Cayo Confite,
señaló que “el 80 por ciento de los clientes no son
manzanilleros, sino de Camagüey, La Habana y otras provincias cubanas,
debido a que el servicio a base de pescado y mariscos es muy agradable
a la población y la fama de su exquisitez ha llegado a todas partes
del país”.
| Este
centro gastronómico forma parte de un conjunto de unidades
ubicadas en el litoral manzanillero y cuenta con un restaurante, un
reservado y cinco carpas multicolores, una de ellas pequeña
para los niños, en la que se ofertan el néctar del mango
y otros productos, así como se enseña a los infantes
los hábitos de comer y usar los cubiertos. |
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Las
banderas de colectivo Vanguardia Nacional, de Héroes del Moncada,
65 Aniversario de la Central de Trabajadores de Cuba y ser sede provincial
este 4 de febrero del Día del Trabajador del Comercio, la Gastronomía
y los Servicios, son galardones que avalan la excelencia que se alcanza
en la prestación de los servicios y la calidad en la comida que
se oferta.
El
orgullo que sienten sus 53 trabajadores por la labor desarrollada lo ratifica
Magali Martínez Martínez cuando señala que “se
sienten realizados y lo dan todo por el servicio que prestan”.
| La
liseta es un pez que se caracteriza por tener el cuerpo alargado,
fusiforme, cubierto de escamas bien desarrolladas, de color gris oscuro,
con los costados plateados y su peso promedio es desde dos onzas hasta
poco más de una libra, y según la leyenda manzanillera,
“quien se come la cabeza, en Manzanillo se queda”. |
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Por
Pedro Espronceda Figueredo
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